Joya Espiritual


Hacía frío ese día. En lo alto de los Andes, un joven caminaba por una carretera sin pavimentar. De repente vio una piedra que le pareció interesante, la recogió y la guardó en su bolsillo. ¡No tenía ni idea de lo que había encontrado! Esa piedra, una de las esmeraldas más grandes que se haya encontrado en Colombia, se vendió por varios millones de pesos y el hombre se hizo rico.

¿No le hubiera gustado a usted encontrar esa piedra? A todos nos gustaría tener una esmeralda preciosa, un diamante o un rubí. Pero, aunque no podamos poseer éstos, hay una joya que todos podemos tener: la joya de la adoración.

La adoración a Dios es como una piedra preciosa porque nos enriquece espiritualmente. Y, como joya hermosa, la adoración tiene diferentes facetas. Estudiaremos algunas de las más importantes.  A medida que usted practica esas verdades, estará puliendo su joya de adoración. El Espíritu Santo le ayudará para que cada faceta irradie la hermosura y la gloria de Dios.

Amor en Adoración

De este mismo modo, necesitamos expresar nuestro amor a Dios. El ya nos expresó su amor al enviar a su Hijo a morir en lugar de nosotros. Demuestra su bondad y misericordia aún a los que no se interesan en El. Mateo 5:45 nos dice: “Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.”

La expresión del amor es una moneda de dos caras. ¿Podemos acaso presentar alguna razón para “esconder” nuestros sentimientos ante El? Aunque conoce lo profundo de nuestros corazones y el amor que nos embarga, desea que hablemos de ese amor y que lo demostremos. Al hacerlo le ofrecemos la oportunidad para que nos hable de su amor. Entonces empezamos a comprender la confraternidad y la comunión con el Señor. Ninguna otra cosa en el mundo puede tomar su lugar.

Hay una necesidad espiritual que sólo puede ser suplida con la adoración. Necesitamos contar a otros de nuestro amor a Dios. También necesitamos demostrar ese amor con nuestras acciones. ¿Cómo se demuestra? Un acto de bondad hecho en el nombre de Cristo se convierte en adoración
porque le agrada al Señor. La historia que se encuentra en Mateo 25:31-40 lo verifica.

Como cristiano usted ya ha aprendido que agradar al Señor le produce satisfacción y contentamiento. La persona que practica la adoración es una persona alegre, lo cual en sí ya es recompensa. Proverbios 17:22 dice: “El corazón alegre constituye buen remedio.” El Salmo 128:1 también dice: “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos.”

Cualidades Interiores

Juan escribe, “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23). Este versículo da los detalles principales de lo que se espera de nosotros como adoradores. Examinemos la primera parte del versículo: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu”.

¿Qué significan las palabras “en espíritu”? Que no adoramos por nuestro propio poder o fuerza sino por un poder mayor que el nuestro. Cuando admitimos nuestra falta de poder, tomamos el primer paso hacia la adoración verdadera: el paso de humildad.

En la adoración verdadera nos vemos como niños necesitados de amor y dirección.¿Acaso le parece un paso degradante? En cierto modo lo es. Pero la humildad no significa que nos escondamos en un rincón oscuro. Más bien significa permitir que el Señor tenga el primer lugar en cada área
de nuestra vida. Así que no es un paso degradante porque El nos eleva a un nuevo nivel de gozo en El.

Otras cualidades esenciales en la adoración incluyen el amor y la obediencia. Sabemos que en las relaciones familiares es imposible separar estas dos cualidades. El uno complementa a la otra. Si un niño ama a sus padres, no le debe ser difícil obedecerles. Más bien le es un placer. Del amor nace el deseo de agradar al ser querido.

Si estamos conscientes de que tenemos la tendencia a oponernos a los mandamientos de Dios, debemos tomarlo como señal de que algo le falta a nuestro amor. Tenemos que hincarnos en humildad y pedirle perdón al Señor por nuestro egocentrismo. El de nuevo derramará su amor, el cual podremos compartir con otros en alegre obediencia a su voluntad. Así como la joya que mencionamos tiene muchas facetas, la adoración también las tiene. Hemos estudiado tres cualidades de las más importantes. Pero a medida que usted lea la Palabra de Dios, el Espíritu Santo le mostrará muchas más. Cada nueva cualidad interna que usted añada y pula hará que sus momentos de adoración sean más hermosos y valiosos.

Outward Expressions

Ahora las facetas de nuestra joya de adoración se vuelven innumerables. En cada circunstancia nueva encontraremos formas y oportunidades nuevas de adorar y glorificar a Dios. Al leer nuestras Biblias aprendemos cómo personas de antaño expresaban su amor, y podemos aprender de sus experiencias. Al expresar nuestro amor, éste crecerá también.

David, el pastor que llegó a ser rey de Israel, adoró al Señor con instrumentos musicales y con cantos. María, la hermana de Moisés, adoró con una danza santa. La gran mujer sunamita simplemente inclinó su cabeza en silencio; su asombro y respeto fueron tales que no pudo expresar una sola palabra. Dorcas fue una mujer devota que dio gloria y honra al Señor con su vida cristiana consistente y su buena labor de costura y confección de ropa para los pobres.

María, la madre de Jesús, alabó y exaltó a Dios. No lo hizo con sus propias palabras. A medida que abrió su corazón y su boca para alabar, citó las palabras de una hermosa profecía. Usted puede leer esta oración llamada El canto de María en Lucas 1:46-55.

Estos ejemplos nos muestran unas cuantas formas en que podemos alabar al Señor. Con nuestras voces podemos alabarle en el canto. Con nuestros cuerpos podemos alabarle al tocar instrumentos musicales, al cantar, dar palmadas o levantar nuestros brazos en alabanza. Algunos de los momentos más preciosos de la adoración se experimentan en un silencio completo, de meditación en la bondad de Dios. Y, como todos sabemos, las acciones dicen mucho más que las palabras. Nosotros alabamos cuando obedecemos, cuando a nuestro alrededor vemos necesidades que podemos suplir, y después hacemos lo posible para suplirlas.

La adoración sincera es una piedra preciosa encontrada en el suelo de la vida diaria, pero que puede reflejar la luz, la belleza y la gloria de Dios.

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