Juan 20–21

La tumba vacía

Lea Juan 20:1–10. Antes de que crucificaran a Jesús, éste les había dicho a sus discípulos en varias ocasiones que lo iban a matar. Pero también les hizo ver que regresaría a la vida una vez más. Pero cuando Jesús murió, aparentemente los discípulos no se acordaban de lo que les había dicho acerca de su resurrección.

De los otros escritores de los Evangelios aprendemos que María Magdalena fue con otras mujeres a la tumba donde Jesús fue sepultado. Iban a ungir su cuerpo con especias, de acuerdo con la costumbre. Pero vieron que la gran piedra había sido removida. ¡La tumba estaba vacía! María corrió
inmediatamente a contarlo a los discípulos. Mientras tanto, las otras mujeres se quedaron en la tumba y un ángel les dijo que Jesús había resucitado.

Pedro y Juan fueron a ver la tumba. La encontraron vacía, excepto por los mantos con que Jesús había sido envuelto. María pensó que los enemigos de Jesús se habían robado su cuerpo. Pero Pedro y Juan sabían que los ladrones no iban a tener tiempo de remover y enrollar el manto que estaba sobre la cabeza de Jesús. ¿Qué había pasado con Jesús? Con sus pensamientos confundidos regresaron a Jerusalén a la casa donde estaban viviendo.

Jesús se aparece después de su resurrección

Lea Juan 20:11–18. En ocasiones algunas personas se entristecen tanto con la muerte de un ser querido que dan la impresión de olvidarse de la Palabra de Dios. Ni siquiera el mensaje que los ángeles habían dado a las otras mujeres en la tumba, las buenas nuevas de que Jesús estaba vivo, había convencido a los discípulos. Ellos querían encontrarse con Jesús en persona para convencerse de que en verdad estaba vivo. De modo que Jesús se apareció a los discípulos muchas veces después de su resurrección. Durante cuarenta días Él habló con ellos acerca del reino de Dios.

Jesús viene a nosotros también y nos hace ver que Él está vivo. Él torna nuestro llanto en gozo. Y también nos envía a compartir el mensaje con los demás. María Magdalena fue la primera que vio al Cristo resucitado y recibió su mensaje. Todo creyente debe compartir el maravilloso mensaje de Cristo con sabiduría y propiedad. Es importante comprender cómo y cuándo hablar a las personas. Eso hace la diferencia para que las personas acepten o rechacen el evangelio.

Jesús se aparece a sus discípulos

Lea Juan 20:19–23. Ese mismo día se mostró Jesús a sus discípulos. Estos se habían encerrado en una casa, temerosos de que los enemigos de Jesús los atacaran a ellos también. Cuando vieron a Jesús, no podían creer que verdaderamente Él estuviera vivo. Jesús les enseñó sus manos, y su costado, y les hizo ver que era Él y no un fantasma. ¡Cuán felices se sintieron cuando supieron que estaba vivo nuevamente!

Jesús les dijo una vez más que Él los enviaba como el Padre lo había enviado a Él. Recibirían el Espíritu Santo para que les ayudara en la tarea que Él les estaba encomendando. En el Evangelio según San Lucas y el libro de los Hechos aprendemos que recibieron el Espíritu Santo cincuenta días
después, en el día del Pentecostés. Jesús aún da el Espíritu Santo a los nacidos en Cristo, el día de hoy, que quieran ser útiles en su servicio.

Gracias a la forma en que los discípulos obedecieron el mandamiento de Jesús, lograron alcanzar a muchas personas. Una gran cantidad de gente procedente de muchos países y trasfondos creyeron en el Salvador. Si los creyentes no hubiesen compartido el evangelio, los pecadores nunca conocerían el camino de la salvación.

De igual manera, hay muchas personas que esperan que usted les hable del mensaje de Dios. Tal vez usted sea el único mensajero que ellos llegarán a conocer. Sin duda, tenemos una gran oportunidad delante de nosotros.

Jesús y Tomás

Lea Juan 20:24–31. Tomás no podía creer lo que los otros discípulos habían visto. Dudaba de la experiencia de ellos y dijo que él tendría que ver por sí mismo.

Mucha gente hoy cree que los cristianos se engañaban. Mas tienen que desengañarse a ellos mismos. Tal vez no puedan ver a Jesús con sus ojos, pero Él hablará a sus corazones. Entonces, como Tomás, podrían proclamar la verdad. En Juan 20:27–29, Jesús le dijo a Tomás:

“Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.” Entonces Tomás respondió y le dijo: “¡Señor mío, y Dios mío!” Jesús le dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” (Juan 20:29)

Jesús se aparece a siete de sus discípulos

Lea Juan 21:1–14. Los discípulos se habían regresado a Galilea, de acuerdo a las instrucciones de Jesús. Una noche, Simón Pedro y algunos otros fueron a pescar, trabajaron toda la noche, pero no pescaron nada. Jesús llegó y les dijo que echaran la red a la derecha de la barca. Así lo hicieron y
atraparon tantos pescados que no podían recoger las redes.

Jesús y Pedro

Lea Juan 21:15–19. Pedro había dicho tres veces que no conocía a Jesús; ahora el Señor le hace la misma pregunta tres veces. Pedro le había dicho que aunque todos lo dejaran, él nunca lo haría. Pero se había comportado peor que todos los demás a la hora de la prueba. Así que Jesús le preguntó: “¿Me amas más que éstos?” (v. 15). Pedro se sentía avergonzado por la forma en que había actuado y estaba arrepentido por lo que había hecho. Jesús eligió a Pedro, quien había sido fiel hasta el último día de su vida, para ser el principal líder entre los apóstoles.

Del hecho de que Jesús aceptara a Pedro, entendemos que Pedro quedó perdonado por haber negado al Señor. Él sería un pastor, cuidaría a aquellos que creyeron en Jesús.

Jesús y el otro discípulo

Lea Juan 21:20–24. Juan, quien escribió este Evangelio, no quiso mencionarse a sí mismo por nombre. Él era el discípulo del cual Pedro estaba hablando cuando preguntó: “¿Y qué de éste?” (v. 21). Jesús le hizo ver a Pedro que no le importaba a él lo que Juan hiciera o lo que pasaría con él. Pedro debía seguir a Jesús fielmente sin preocuparse por lo que hicieran los demás.

Dios no llama a toda la gente a hacer lo mismo. No podemos decidir qué hacer porque vemos a otros hacerlo. Ni tampoco podemos decir a los demás que hagan ciertas cosas porque nosotros creemos que eso es lo que Dios quiere que hagamos. Oremos para que la voluntad de Dios se haga en nuestras vidas y en la de los otros cristianos.

Conclusión

Lea Juan 21:25. En el evangelio que Juan escribió, ya ha aprendido usted que Jesús es el Verbo. Por medio de Él Dios nos habla. Jesús es el Hijo de Dios que nos enseña lo que es Dios. Es el Cordero de Dios que murió para perdonar nuestros pecados. Jesús es el camino al cielo; sígalo y no se perderá. Él es la luz del mundo; usted no tiene necesidad de andar en tinieblas. Jesús es el pan de vida que dará satisfacción a su alma hambrienta. Es la verdad que lo salva de la ignorancia y del error. Es el Hijo del Hombre que le conoce y comprende sus necesidades. Es el Buen Pastor que le cuida. Es la resurrección y la vida, quien le da vida en abundancia hoy mismo, victoria sobre la muerte, y vida eterna en el mundo venidero.

Jesús es todo esto y mucho más. Es su Salvador, Señor y Rey que le ama. Quiere que usted le ame y le obedezca. Quiere que le siga ahora y que esté con Él para siempre en su hogar celestial. Jesús no lo forzará a que le siga. Le permitirá que usted escoja.